palabras que excluyen

04 de Abril de 2006

por Juan Cerda*

Inválido, lisiado, disminuido, inhabilitado, impedido e imposibilitado. Estos son algunos sinónimos que se aplican cuando se aborda sin conocimiento el tema de la discapacidad; estas son las palabras que manifiestan la falta de educación, ya que descalifican a la persona y agudizan la exclusión y el rechazo por lo diferente, por lo diverso, poniendo a prueba nuestra tolerancia y solidaridad. La discapacidad es solo algo distinto; sin embargo aún quedan muchos mitos sobre a quienes afecta.

Están entre nosotros, sin embargo aun se ve al discapacitado como un ser anormal, al cual cierto paternalismo político e incluso religioso ha desintegrado y apartado de nuestro lado. Así, por años se ha visto al discapacitado como un ser al que hay que esconder por vergüenza o en el mejor de los casos exponer como objeto de caridad Nuestra cultura cristiana occidental nos limita y la culpa no es de Cristo, la responsabilidad está en quienes solo toman del mensaje el conformismo.

En nuestra cultura cristiana - en donde Dios cuelga de un madero y es recluido en los templos- se aplica la misma reclusión a aquellos que llamamos personas disminuidas. ¿Que entendemos por disminuida?. Todos tenemos, sin notarlo, un grado que nos disminuye, a veces no es perceptible como en aquellos que usan bastón o una silla de ruedas, pero se siente y en ocasiones provoca dolor físico.

En Chile se sigue dejando a las personas con discapacidad en un rincón, sin opinión ni vida propia, aislados en sus casas o esos falsos “hogares protegidos”. De esa manera gran parte de la sociedad se convierte en sus celadores, en sus carceleros, censurando muchas veces sus sentimientos, pues según aquellos “protectores” no son poseedores de estos. Solo basta visitar y quedarse un día en un psiquiátrico, para constatar como a los pacientes se les mantiene totalmente adormecidos con fuertes drogas y sobrecargados con fármacos.

Poco se ha hecho a nivel cultural. De ahí la importancia de instancias de educación y concienciación como las que realiza la Fundación Nacional de Discapacitados. A nivel e políticas gubernamentales veo como se barniza muy sutilmente todo pero no se cambia nada, pues no es un tema prioritario en lo político, solo un tema más. Veo muchas acciones efectistas y muy pocas realmente efectivas.

¿Cuantos discapacitados tienen derecho a la salud, a la seguridad social, a la educación, al trabajo, a la cultura, la recreación y el deporte, solo por nombrar algo que muchos de nosotros damos por adquirido como nuestros derechos?.

¿Qué persona con discapacidad ocupa algún puesto en el Congreso chileno o es candidato a la Presidencia de la República ?. Porque la persona con discapacidad si es sujeto de derechos, obligaciones, deberes y nuestro sector si tiene mucho que aportar. Y volvemos al tema inicial, de como las palabras pueden excluir, cómo nosotros mismos las hemos incorporado erróneamente a nuestro vocabulario diario y nos sentimos superiores frente a lo que malamente denominamos minusválidos o inválidos.

Estas malas palabras hay que remplazarlas por la palabra diferente; todos somos diferentes, con algo que aportar, con talentos que Dios nos da para compartirlos con los otros. Más allá de una persona en silla de ruedas, del bastón o la muleta, está una persona frente a nosotros, toda diferente gracias al Amigo Bueno - como nombra a Jesús un amigo y hermano mío- ese Maestro que está en nuestro interior, que respira y observa dentro nuestro las desigualdades, la falta de solidaridad, la exclusión y la pobreza en nuestro país.

Desde nuestra Fundación estamos viendo la discapacidad con los ojos de Jesús, el maestro y el amigo bueno, para comenzar a hacer lenta pero sistemáticamente el Paraíso en la tierra, para alcanzarlo en el cielo, con un puente de Palabras, que son para unificar y amar y no para disgregar.

*Juan Cerda es Poeta, conductor del programa “Abriendo Horizontes” de Radio Encuentro
y voluntario de la Fundación Nacional de Discapacitados, comentarios a fundacion@fnd.cl


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