discapacidad en america latina

11 de Agosto de 2005

por Alejandro Hernández *

La Discapacidad en América Latina alcanza a más de 90 millones de personas, así lo indican las estimaciones hechas recientemente por la Organización Mundial de la Salud. Si agregamos al menos tres familiares por cada uno, llegamos a la conclusión de que este tema afecta a 270 millones de ciudadanos.

Esta enorme cantidad de personas, es el sector más grande e históricamente excluido de la historia de América Latina. Este tema está directamente relacionado la exclusión, la pobreza y el abandono. La pobreza más compleja, esa que por sus características resulta a veces difícil de observar, porque permanece oculta tras la ignorancia, la sobreprotección, la desesperanza y el dolor auto aprendidos.

Más allá de las fronteras y políticas que separan los anhelos de los distintos pueblos de América Latina, la discapacidad sigue latiendo en todos los rincones de las naciones, en cada ciudad y pueblo latinoamericano.

Ciegos, sordos, mudos, hemipléjicos, parapléjicos, deficientes mentales, físicos y orgánicos, piden autoridades y una legislación que respete su dignidad y calidad de personas con necesidades especiales. Actualmente estos legítimos anhelos chocan con la cruda realidad.

"El grado de desarrollo de un pueblo se mide en la forma en que trata a sus discapacitados". América Latina está lejos de ser desarrollada en materia de discapacidad, salvo Cuba, donde se pude constatar la conciencia social en cuanto a igualdad, salud e integración de los más excluidos.

Trabajo hace más de 20 años en la integración social de personas con discapacidad y en mi calidad de Presidente de la Fundación Nacional de Discapacitados, he visto el mundo de la discapacidad y la pobreza muy de cerca. En esta cultura diferente, muchos se preguntan cual es el grado de desarrollo de países como Chile.

¿Porque en Chile los niños con discapacidad deben pedir la rehabilitación como un favor?. ¿Por qué deben pasar a llevar sus propios derechos de niños al exponer su identidad personal y familiar a cambio de aparatos ortopédicos?. Lo cierto es que en Chile el 97% de los discapacitados no ha tenido nunca acceso a un adecuado proceso de rehabilitación integral.

A cambio se compra y vende la rehabilitación. Porque en el país más austral del mundo, se realizan campañas donde por televisión cada uno o dos años, se insta a los ciudadanos a consumir tal o cual producto, tal o cual servicio, para que los niños puedan caminar.

La rehabilitación es un derecho básico ciudadano y un deber de todo país y Estado. Las responsabilidades y los derechos definitivamente no son endosables, transferibles ni comercializables en el mercado.

Muchos coinciden en que las millonarias recaudaciones de la campaña Teletón deben ser repartidos equitativamente entre todas las organizaciones de y para personas con discapacidad, sin exclusión de ningún tipo. Actualmente muchas organizaciones de la sociedad civil apenas existen con mínimos recursos y todas realizan acciones igual de importantes y que además se complementan entre si.

Resulta urgente además reorientar la publicidad de dicha campaña por respeto a los padres y a los niños con discapacidad. Exhibir a los niños en pantalla, sus extremidades amputadas y deficiencias como diciendo "ayude o este niño no tendrá derecho a rehabilitarse", resulta macabro e indigno para cualquier infante e inapropiado para cualquier país en desarrollo.

Actualmente el trabajo de la discapacidad a nivel mundial está más bien centrado en los derechos de las personas, en la educación y la concientización para el logro de sociedades educadas, destaco en este sentido a la Fundación Nacional de Discapacitados. La entrega de aparatos ortopédicos se debe entender como un tema ya cubierto por el Estado. Para esto en Chile y los demás países latinoamericanos las personas pagan sus impuestos.

La rehabilitación y la salud siguen siendo servicios suntuarios, reservado solo para unos pocos afortunados. En FONASA por ejemplo (Fondo Nacional de Salud - Nivel 1,2,3,4) se excluye derechamente a las personas según su posición económica.

En Chile los padres de niños con discapacidad observan preocupados la discriminación que sufren sus hijos en el sistema educacional, el 42% de ellos no alcanza a terminar su enseñanza básica. Piden que se mantengan las subvenciones para las escuelas especiales y que la integración de sus hijos discapacitados a las escuelas regulares, coincida con la necesaria reestructuración del sistema educacional chileno.

Del acceso a la universidad de los jóvenes discapacitados mejor ni hablar, Chile está aun muy lejos de brindar facilidades en este sentido, ya que la educación superior pagada está cada vez más a trasmano de las personas con discapacidad.

Más allá del aparente desarrollo económico, en Chile los discapacitados viven sumidos en la pobreza, la discriminación y la exclusión. Viven con suerte y siempre que el sistema les favorezca, con una pensión asistencial de US $ 62 mensuales. Digo con suerte porque el sistema de pensiones de "invalidez" debe evaluar año a año a cada discapacitado que se beneficia con esta pequeña subvención.

Los Municipios los visitan, fiscalizando si tienen casa sólida, televisor o nevera. Si es así, la persona con discapacidad no califica para dicha pensión asistencial, como si solo algunos de ellos fueran sujetos de derecho y otros no.

Hoy en pleno año 2006, el actual sistema le quita la pensión asistencial de $ 34.000 al discapacitado una vez que encuentra trabajo. Además no califican a la subvención estatal, aquellos que tienen una casa limpia o digna, tampoco los que han logrado ponerle a su hogar agua potable y alcantarillado.

¿Cómo le llamaría usted a un sistema que le quita la pensión a un discapacitado?. Solo el costo del transporte para una persona con discapacidad en Santiago de Chile alcanza los US $ 70 mensuales. A modo de referencia, una silla de ruedas tiene un costo promedio de US $ 253.

Chile es el único país que entrega al discapacitado una pensión (que no alcanza siquiera para cubrir los gastos de transporte) con la condicionante de que viva sumido en la pobreza y la cesantía extrema. Con respecto al trabajo, existe un 99% de desempleo y solo un 1% encuentra trabajo en el mercado formal; cuando lo encuentra, el sistema le quita la pensión.

¿Qué es mejor, una pensión segura o un empleo incierto?. Estas dos variables no tienen porque toparse, porque la seguridad social es un derecho irrenunciable de las personas con discapacidad. Por otro lado y relacionado con esto mismo, solo en Chile a los vendedores ambulantes discapacitados (9% de trabajo informal en el área de la discapacidad) se les persigue y maltrata por intentar ganarse el sustento como microemprendedores.

Ecos al interior de nuestros países latinoamericanos cuando de discapacidad se trata. Miradas evasivas, llamadas sin contestar, promesas sin cumplir, empatía sin desarrollar y en definitiva una gran falta de educación en cuanto a la cultura y la discapacidad.

A no ser que la discapacidad nos toque directamente en nuestra puerta y nos deje en la misma situación de impotencia en que viven aquellos que son los predilectos de Jesús, en general se hace caso omiso de esta realidad. En el ámbito de la religión muchos templos y parroquias no cuentan con accesos adecuados, ni con programas o actividades que incluyan a las personas con discapacidad de manera integrada.

Los invito a ir revisando el acontecer de la discapacidad en Chile y América Latina, a aportar su tiempo y sus recursos en organizaciones que trabajen en base a la educación y a los derechos. Si queremos combatir la pobreza y la desigualdad, debemos comenzar trabajando las necesidades de las personas con discapacidad.

Eduquemos sobre la realidad de los más pobres y excluidos al interior de nuestros países latinoamericanos y veamos como poco a poco vamos derribando barreras e incluyendo.

*Alejandro Hernández es Presidente de la Fundación Nacional de Discapacitados. Mail: fundacion@fnd.cl

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